Conmemoración del Día Internacional del Bastón Blanco 2020

El pasado 15 de octubre de 2020 se conmemoró, como todos los años, el Día Internacional del Bastón Blanco.
Como siempre, la Asociación de Usuarios y Amigos del Perro Guía de Madrid estaba preparada para celebrar el emotivo acto en el que homenajea a los perros guías de sus socios, que a lo largo del año, han cumplido diez años o han dejado de prestar servicio por alguna causa antes
de cumplir esa edad.
En el mismo acto la Asociación entrega una placa como agradecimiento a la entidad o persona que se haya distinguido por su colaboración con la misma.

Perro guía ayudando a pasear por la ciudad a hombre con bastón blanco – Fuente: Freepik.

En 2020, debido a la pandemia, no se ha podido celebrar dicho acto de forma presencial, en el que estaba previsto homenajear a 12 perros guías, quedando aplazado dicho acto para realizarlo cuando las condiciones sanitarias lo permitan.

Y, cómo no, se promulga un Manifiesto en el que se ponen las cualidades
de los perros guías y se reivindican los derechos de sus usuarios. Precisamente, el Manifiesto de este 2020, explica la experiencia y las
dificultades con las que se han encontrado los usuarios con sus perros guías ante la pandemia

MANIFIESTO: PERROS GUÍA DURANTE EL CONFINAMIENTO.

Nuestros queridos compañeros de cuatro patas, esos que siempre nos acompañan a todos lados, también han sufrido junto a nosotros, estos meses de confinamiento al que nos hemos visto obligados por causa de la Covid-19.

A ellos va hoy dirigido este homenaje, como no podría ser de otra manera. Sí, a ellos que, acostumbrados a estar continuamente de acá para allá, han tenido que permanecer en casa sin apenas salir nada más que para hacer sus necesidades. ¡Y sin entender por qué!

Pero, al contrario que nosotros los humanos, cuando han vuelto a trabajar, lo han hecho con un gran entusiasmo.

Ponemos el arnés con cierto temor por si se les ha olvidado guiar, pero ¡de eso nada! Ellos mueven su rabito, ponen en alerta sus orejas y ¡adelante! A marcar bordillos, escaleras, esquivar obstáculos,… No en vano es lo que han aprendido y son felices realizando esta gran tarea junto a su dueño.

Ahora vamos a ponernos un poquito en su pelaje y nos vamos a imaginar qué se hubieran contado tres perritas guía si, al igual que hemos hecho nosotros, se hubieran conectado entre ellas mediante videoconferencia.

 …

TRAS UN MES DE CONFINAMIENTO 

Venus: Hola, ¿estáis ahí?

Gala: Hola, ¿dónde vamos a estar?

Luna: ¡Hola! ¡Yo no os veo! No debo tener cobertura.

Venus: ¡Es que tienes la cámara apagada! Dale con la pata donde dice activar cámara.

Luna: Ahora sí, ¡ya os veo! ¡Estáis más gorditas!

Gala: Claro, no nos sacan nada más que para hacer nuestras necesidades. Y en cuanto lo hacemos, ¡a casa! ¿A ti si te sacan? Porque estás igual, ¿es que te dan menos de comer?

Luna: No. Lo que pasa es que yo si salgo. Aquí en mi casa, los hijos de mi dueña, no dejan de sacarme, ¡aunque no tenga ganas de hacer nada!

Venus: Yo tengo una novedad que no entiendo mucho. Resulta que a la hora de darme la cena más o menos, les ha dado por asomarse a la ventana y ¡ponerse a aplaudir! No sé qué es lo que aplauden con tanto entusiasmo. Yo a veces iba con mi dueña a una sala grande donde ella se sentaba junto a más gente y, en un sitio alto, había humanos que hacían como si jugaran. Lo llaman “Teatro”. Yo me tumbaba a sus pies y me dormía tranquilamente. Hasta que aplaudían tan fuerte que me despertaban. Pero hace tiempo que no hacemos eso. Y ahora me asomo y no veo a nadie en la calle haciendo ningún espectáculo. Sólo se asoman a las ventanas aplaudiendo. Ponen una canción, ¡siempre la misma! Y luego cuando ya creo que me van a dar de comer, porque dejan de aplaudir, ¡se ponen a hablar con los vecinos!

Gala: Sí, mi dueño también lo hace. ¡Y a veces canta!, pero si yo ladro un poquito ¡me riñe! Creo que se está volviendo un poquito gruñón…

Luna: Yo sé lo que le pasa a tu dueño, es que está triste porque en la calle no hay mesas de esas donde se sentaban los humanos a comer y beber. Yo lo sé porque ya sabéis que salgo más que vosotras.

Venus: ¡Anda! ¿Entonces no puedes husmear por ahí para recoger las miguitas que se les caen?  

Luna: ¡No hay nada chica! Está todo súper limpio, no hacen más que limpiar y lavarse las manos…

Gala: Es verdad, mi dueño también se lava continuamente las manos. Y cuando subimos de la calle, me limpia todas las patitas, las cuatro. ¡Que pesado! Y además, no sé qué le ha dado que ahora lleva unos días que se pone a dar vueltas por la casa, pasillo arriba y pasillo abajo. ¡Y vuelta otra vez! Así se puede tirar un buen rato. Yo al principio le sigo, por si acaso quiere ponerme el arnés y que demos las vueltas los dos juntos, o por si quiere salir, pero al final me canso y le dejo a él solo, ¡creo que va a desgastar el suelo del pasillo!

Venus: Pues a mi dueña le ha dado por meterse en la cocina y no sé qué hace, pero ¡huele que a mí se me cae la baba!

Luna: Pues la mía, cada día se mete en una habitación, se pone a vaciar armarios, y ¡no veáis lo que saca de ahí! Pero yo he salido ganando, porque ¡tengo muchos juguetes nuevos!

Gala: ¡Estos humanos están muy raros! ¡Y qué vacaciones tan largas! ¡Y sin ir a ningún sitio!

Venus: Es verdad, mi dueña, ¡ni siquiera va al gimnasio! ¡Con lo bien que me lo pasaba yo allí! Que la monitora antes de irnos me daba chuches. Pues ahora coge un colchón como el mío, se tumba encima y se pone ahí: piernas para arriba y para abajo, ahora subo los brazos, ahora la cabeza… Y así hasta que empieza a sudar. Luego se ducha y yo creo que vamos a salir, pero no, va a la cocina y se come eso que ha hecho que olía tan rico. Pero a mí, nada, mi pienso como siempre, ¡creo que incluso me ha acortado la ración!

Gala: Pues a mí esto se me está haciendo un poco largo. ¡Ya estoy harta de estar en casa! De no salir a pasear, ni coger el metro, ni el autobús, ni quedar con nadie… ¡Qué aburrimiento!  No viene nadie a casa. Bueno si, solo señores a traer paquetes, o la compra. ¿Cuándo volveré a ir con mi dueño al mercado? Yo que ya me conocía todos los puestos… ¡Y lo bien que huele en la carnicería!

Luna: Pero hay una cosa divertida en todo esto. No sé si por vuestro barrio será igual, pero por aquí a todos los humanos, ¡les ha dado por ponerse bozal cuando salen a la calle! Y yo no sé por qué si no hay nada que se puedan comer en la calle… ¡Y encima se tapan también la nariz para no poder olfatear!  ¡Qué extraños son! Se castigan solos…

Venus: ¡Igual se han vuelto peligrosos de repente!

Gala: ¡Y quieren estar separados!

Luna: ¿Sabéis que nos pasó el otro día? Resulta que fuimos a comprar el pan, y una señora le dijo a mi dueña que hiciera el favor de guardar las distancias, ¡yo no sé qué es eso! Me coloqué como siempre detrás de una persona para entrar a la panadería y se enfadó mucho, decía que me había acercado demasiado. Pero yo estaba igual que siempre, ¡os lo prometo! Además, ¡ni la he olido ni nada! ¡Si todavía no llevaba el pan!  El caso es que se ha liado una buena porque unos humanos querían que mi dueña pasase sin esperar cola y otros no. Al final hemos comprado el pan, pero mi dueña se ha disgustado y a mí eso me pone triste.

Gala: Por aquí también se separan mucho de nosotros cuando salimos a hacer mis cosas. ¡Yo pensé que me tenían miedo! Y me ponía a mover el rabito para que vean que no soy peligrosa. Pero creo que de quien tienen miedo es de mi dueño…

Venus: Claro, ¡porque lleva bozal!

Luna: ¡La comida! ¡Es la hora de la comida! Adiós chicas.

Venus: ¡Adiós!

Gala: ¡Hasta mañana!

PRIMERA SEMANA DE MAYO

Venus: Hola. Hoy llamo más pronto porque de siete a ocho ¡nos vamos de paseo! ¡Por fin salimos y caminamos un rato largo!

Gala: Sí, ¡nosotros también! Pero no vamos a ningún sitio. Ni al metro, ni al bus, ni nada.  Y mira que yo me empeño en llevar a mi dueño a todas las paradas que nos encontramos. Pero él nada ¡a andar y andar! Y luego a casa…

Luna: Hola. Sí, es que los señores que les tenían a todos los humanos castigados, han dicho que ya les perdonan un poquito y pueden salir a pasear, pero no todos a la vez.

Venus: ¿Qué habrán hecho para que les castiguen de esa manera?

Gala: ¡Muy gordo ha tenido que ser! Todavía no hay mesas de esas que ponen por las calles para sentarse. Y muchos comercios están cerrados.

Venus: Es cierto, ¡está todo cerrado! Yo he querido llevar a mi dueña ahí donde le lavan la cabeza y la peinan, porque ¡mira que está fea! ¡Con esos pelos blancos que le salen en la cabeza! Pero nada, cerrado.

Gala: Bueno chicas, que ya oigo el arnés. ¡Os dejo!

Venus: ¡Adiós!

Luna: ¡Chao!

FINALES DE MAYO

Venus: ¡Qué bien! ¡Por fin nos veremos en directo!

Gala: Sí, ¡y podremos olernos y chupetearnos bien!

Luna: ¡Parece que les van perdonando un poco! Los humanos que mandan han dicho en la tele que ya les van a ir dejando poner mesas en la calle, pero no todas…

Gala: ¡Pues menos mal! Porque además de no podernos juntar, era un rollo ir trabajando sin casi ningún obstáculo que evitar…

Venus: ¡Y tampoco había casi coches!

Luna: Sólo podíamos marcar bordillos y evitar farolas o árboles. Que no está mal, y yo lo hago muy bien. Pero hay que ser realista, ¡ahí no nos lucimos mucho que digamos!

Venus: ¡Tienes razón! Dónde esté un buen transbordo de metro, en la Avenida de América, por ejemplo, ¡que se quite todo lo demás!

Gala: ¡O coger el cercanías!

Luna: Tenéis razón, pero ese tiempo llegará otra vez.

… 

Y lentamente llegó “una nueva normalidad”, en la que regresamos al trabajo, al gimnasio, a la peluquería, en fin, casi a todos los lugares donde solíamos ir antes.

Pero en esta nueva situación, hay algo a lo que nuestros perros no están acostumbrados.  Ellos no han aprendido a separarse dos metros de cada persona con la que nos cruzamos por la calle, ni distinguir las señales que marcan la distancia de seguridad. Por eso desde aquí solicitamos a la ciudadanía, que sean ellos quienes, al vernos, tomen las medidas oportunas para respetar esta distancia social. Esperamos que todos comprendan que no es nuestra intención saltarnos las normas establecidas ni incomodar a los demás ciudadanos si esto ocurre.

Asimismo, queremos mostrar nuestra gratitud a quienes, en esta situación tan desconocida como confusa para todos, nos prestan su desinteresada ayuda en la calle, en los medios de transporte, en las tiendas, etc., facilitándonos nuestra movilidad e autonomía.